Del rendimiento al sentido: reflexión sobre el camino académico

Del rendimiento al sentido: reflexión sobre el camino académico

de AMADO JAZMÍN -
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Leyendo los diferentes textos pude poner en palabras varias sensaciones que me vienen acompañando desde que empecé mi camino académico, darme cuenta lo mucho que me frustraba el no recibir una puntuación perfecta en un trabajo en el que había puesto todo mi empeño, angustia que realmente no estaba originada en una presión externa de mis padres ni de nadie, sino que de mi misma, de los estándares que me pongo y en la ansiedad de querer demostrar al otro lo que uno vale. No me encontraba haciendo trabajos extensos sobre química porque sea algo que me apasionara al punto de calarme los huesos, sino por la ola de felicidad que me inundaría posteriormente una vez me lleguen las notas del trimestre.

Con el paso del tiempo (probablemente a raíz de una inevitable en el crecer llamada “fracaso”), aprendí que el verdadero valor de lo que hacía se encontraba en la esencia de lo mismo, la naturaleza de su surgimiento y en qué se diferenciaban de otras: en que nazca de la curiosidad, del hambre de aprender, de llegar a la razón de las cosas, de que lo refleje a uno mismo y sobre todo, del sentido que le damos, porque al final es lo que nos termina de dar un significado a nosotros, si yo no me siento propio dedicando mi vida a algo que no le veo sentido me voy a sentir miserable o fuera de mi. Inevitablemente para lograr esto es necesario conocerse mucho, tener el valor de pararse frente a un reflejo y hacerse las grandes preguntas, plantearse los fracasos, el porqué de los mismos y reconociendo que al ser seres con características inmutablemente propias, las formas, medios y tiempos para transitar los procesos van a ser diferentes. Cuestiones que son importantes a tener en cuenta al estudiar una carrera: es un proceso muy personal y en que, en parte por la edad y en otra por la misma naturaleza de la sociedad actual, las comparaciones abundan. 

En este sentido, comprender que el recorrido académico no es una competencia constante, sino un proceso de construcción personal, permite resignificar tanto los logros como los fracasos. Más que una medida de valor, las calificaciones pasan a ser solo una parte del aprendizaje. Lo verdaderamente importante termina siendo la posibilidad de desarrollar curiosidad, pensamiento propio y una relación más honesta con aquello que elegimos estudiar. Al final, conocerse a uno mismo y encontrar sentido en lo que se hace no solo transforma la manera de aprender, sino también la forma en que uno se posiciona frente a su propio futuro.