El lenguaje de los nuevos medios
2. Hipertextualidad

El campo comunicación digital interactiva, en los últimos 20 años, comenzó a utilizar frecuencia conceptos como hipertexto, hipermedia, multimedia, convergencia y transmedia.
Más allá de la diferencia entre uno y otro concepto, o de su complementariedad, todos juntos hacen referencia a un modo de comunicar, de leer y escribir los medios que es propio de la cultura digital, donde se apela a distintos lenguajes y medios para hacerlo.
Queda claro que con los medios electrónicos la escritura no será el único modo de representación legítimo en nuestra cultura, a través de cual construimos nuestra experiencia (Kress, 2005). La escritura convive en la actualidad con otros lenguajes, y incluso adopta en varias oportunidades una relación subsidiaria respecto a otras herramientas de expresión como la imagen.
La noción de “hipertextualidad” en el contexto de los medios electrónicos, significa la ruptura de la linealidad y secuencialidad de la escritura y la fragmentación y modularidad de los textos. Hace referencia a un modo de producción textual que supone una estructura “arbórea” o “en profundidad”, diferente de la linealidad del texto impreso, y que requiere, además, de otro tipo de lectura, un lector que esté dispuesto a participar en la construcción del mensaje.
Sin embargo, lo que la Web explicitó en relación a introducir un modo de leer y escribir en el mundo digital, formaba parte de un fenómeno cultural que comenzó a lo largo del siglo XX, y que ya estaba presente en los ámbitos literarios, en las artes plásticas, la producción audiovisual y multimedial. Tiene sus antecedentes en las narrativas no lineales que se comenzaron a producir en cercanías de las primeras vanguardias del Siglo XX. En aquellos tiempos, la obra de los autores de la corriente del fluir de la conciencia (James Joyce, Virginia Woolf, William Faulkner, entre otros y, más tarde, los latinoamericanos, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo o Carlos Fuentes, anticiparon una literatura -y por lo tanto un modo de lectura-, no lineal, generando un nuevo convenio entre autor y lector). Desde entonces hubo artistas en todos los campos que requirieron de un lector espectador que estuviese dispuesto a co-construir el texto (literario, pictórico, cinematográfico, etc.) tal como lo propusieron el constructivismo cinematográfico de Sergei Eisenstein o la Teoría del extrañamiento de Bertolt Brecht en su poética teatral. Se trataba de que el lector-espectador pensara y no de que se identificase (Aristóteles), con lo cual comienza a quedar a su cargo una parte de la construcción del texto en cualquiera de sus formas. Podemos avanzar entonces sobre el concepto de “interactividad” y profundizar estas nociones en el siguiente capítulo de nuestro curso.
Luego de la segunda guerra mundial, la preocupación de varios especialistas de la comunicación informática de los años treinta era cómo gestionar las grandes masas de documentos científicos producidos en el mundo. Entre ellos estaba Vanevar Bush, investigador del MIT, momento en el que investigación en las comunicaciones estaban asociadas a fines bélicos (Scolari, 2008).
Bush expuso en un artículo de 1945, la noción de un sistema de almacenamiento de documentos que cada usuario pudiera interconectar según sus necesidades y que pudiera dar lugar a la creación de otros fue propuesta por el ingeniero en informática y que derivó en un primer sistema de archivación al que denominó Memex. En 1965, el ingeniero norteamericano Théodore Nelson retomó la propuesta de Bush y realizó dos aportes muy importantes: el primero: la invención de un sistema de archivación de información que dio origen a la actual Internet. Su sistema, al que bautizó Xanadú, permite la transmisión de documentos interconectados. La estructura de Xanadú fue concebida como una red destinada a “proveer millones de documentos a millones de usuarios que en forma simultánea siguen las conexiones y las ventanas a través del cuerpo de un hipertexto en continuo crecimiento”. El segundo aporte, fue el haber empleado por primera vez la palabra “hipertexto” para designar al texto electrónico. Al hacerlo, se refería a una nueva modalidad de escritura en computación, según la cual cada unidad textual podía dar paso a un acceso no secuencial. Nelson retomaba entonces ideas ya expuestas por Vannevar Bush en relación con el modo con que pensamos y la posibilidad de crear un sistema que funcionara como correlato de ese modo de pensar: para Nelson (que retomaba idas del artículo de Bush “As we may think”), el pensamiento y el habla son intrínsecamente hipertextuales: solo cuando escribimos reordenamos las ideas que en nuestra mente surgen de manera desordenada y las colocamos en la secuencia requerida por la lengua escrita.
El texto, según Nelson, puede ser comprendido sólo como una estructura en evolución, que se construye como nuestro fluir de pensamiento: trozos de ideas, fragmentos de imágenes que van armándose hasta constituir una entidad que evoluciona y muta permanentemente. A partir de esta idea de Nelson, el término “hipertexto” se aplicó en el ámbito de la informática y de las ciberculturas a toda producción de textos que no fuese lineal o secuencial.
La noción de hipermedia se desprende del de hipertexto, para referir a la integración de elementos de audio, video, texto escrito, enlaces. La World Wide Web es un ejemplo de hipermedia en la etapa de la convergencia, donde conviven distintos lenguajes y medios en un mismo espacio visual (Scolari, 2008).